Todo es desconcertante… hasta que sabes la verdad

La familia Delgado Ramis, compuesta por Antonio Delgado, el padre; Verónica Ramis, la madre; y Victoria, hija de ambos viven en una casa cerca de la costa. Todas las mañanas Verónica se despierta la primera, levanta persianas, abre la puerta de la casa e inspira el magnífico aire procedente del mar que se acentúa con el viento de Levante mientras por el horizonte se divisan los primeros rayos de sol de un miércoles de verano, -Hoy no hará mucho calor-, dice Verónica mientras se arregla un poco el pelo enredado tras levantarse de la cama.

      Los días transcurren con normalidad hasta que se cruzan con algún vecino. Nunca le devuelven el saludo y siquiera la miran cuando les habla, asi llevan desde que llegaron a esa casa hace 2 meses. Siempre que sucede le invade la rabia porque no entiende qué pueden tener ellos en contra de su familia si son prácticamente nuevos en aquella urbanización. Todavía no ha tenido la posibilidad de presentarse porque aparte de no hacerles caso, éstos no son muy de pasear por la urbanización, lo que dificulta enormemente mantener una relación con cualquier vecino.

      El día, pese a que primeras horas parecía erróneamente que iba a ser de poco calor, pasa con total normalidad, convirtiéndose en uno de los más calurosos de lo que llevan de verano.

     A la mañana siguiente se repite la misma escena. Verónica se levanta la primera y se asoma al jardín para apreciar los primeros rayos de sol estrellándose contra las nubes en el horizonte creando bonitas formas. Cuando pasa un vecino, le saluda diciendo ‘Buenos días’, pero como de costumbre no obtiene respuesta.

      Ese mismo día, llegando al límite de su paciencia y extrañada de que los vecinos no respondan a sus saludos durante estos meses, decide ir a casa de una vecina a pedir explicaciones, pero como era de esperar no abren la puerta pese a divisar gente en el interior a través de la ventana.

     Los días de verano pasan como copias calcadas entre si cuando una vecina que nunca antes había visto le saluda desde la calle al pasar por la puerta de casa.

-Buenos días, dijo la vecina

-Buenos días, respondió Verónica. ¿Eres nueva en la urbanización? Nunca antes le había visto por aquí.

-Sí, mi marido y yo llegamos ayer noche.

-¡Ah!, vecinos nuevos. Por aquí hacen falta nuevos porque los de aquí nunca saludan, y sinceramente eso me está empezando cansar.

-Bueno, tengo que volver, que me están esperando en casa. Si algún día quiere hablar, vivo al final de la calle, en el número 32 creo… la casa naranja con las mallorquinas blancas.

-De acuerdo, prometo ir.

      Habían pasado varios días desde que Verónica viese a la nueva vecina, y se preguntaba por qué no la había vuelto a ver, así que decidió ir a la casa naranja con las mallorquinas blancas a hacerle una visita. Al llegar a la casa, María, qué así se llamaba su nueva vecina la invita a pasar y le ofrece un café, y tras varios sorbos y dos galletas después le pregunta

– ¿Qué os trae por la urbanización de la gente que hace como si no existieras?

– Pues descansar, como todos. ¿Eres muy joven, verdad? -le preguntó María a Verónica, veo que aun no te has dado cuenta. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

– Mi familia y yo llevamos aquí tan solo unos meses, ¿por qué?¿y de qué no me he dado cuenta aún?

-¿Nunca te has preguntado por qué los demás vecinos hacen como si no te vieran y ni siquiera te saludan?

-La verdad es que sí, pero es un tema que desde hace unos días me da igual… Cuando me dirigí a casa de una vecina y, pese a estar ellos dentro, no se molestaron en abrirme, desde ese día ya me da igual los vecinos. Por eso me ha sorprendido que tú me saludaras esta mañana…

– Ellos no es que pasen de ti o hagan como que no te ven, es que en realidad…

-¿En realidad?

-No sé si estás preparada para saberlo…

-¿Saber qué?

-Que no nos pueden ver,- le dijo María.

– ¿Cómo que no nos ven?

– Por eso he dicho antes que aún no te has dado cuenta…

-¿Pero darme cuenta de qué?

-Tú, yo, mi marido, tu familia…

-¿Qué pasa con todos ellos? me estás asustando

-Todos nosotros estamos… muertos. Convivimos en la misma zona pero en otras realidades, ellos tienen la suya, la cual pertenecíamos antes, y ahora nosotros tenemos la nuestra. ¿Nunca te has preguntado qué sucede después de morir? És esto lo que sucede. No sucede nada, sigues en el mismo sitio, haciendo y viendo a la misma gente pero ellos a ti no te ven, por eso no te saludan. Tu casa, que con tanto esmero cuidas diariamente solo tu familia, yo y más gente como nosotros puede ver que está limpia, los demás la verán deshabitada y descuidada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s