Carta a un desconocido

Os dejo otro texto que escribí hace un año y que no os había publicado

Recuerdo cuando era niño pasar todas las tardes de domingo hablando con mi padre sobre qué cosas creíamos que el ser humano sería capaz de realizar en toda su existencia. Rondaba el año 1968 y mi padre, como buen amante de la meteorología, decía que la gran hazaña que el hombre gestaría en toda su existencia era la de explorar otros planetas. Recuerdo que siempre que decía esa frase giraba su cabeza y miraba al cielo, suspiraba y exclamaba. –Ves hijo? Desde aquí solo podemos ver la Luna, sería magnifico algún día poder pisarla y ver como es, sin embargo, hay tantos planetas por descubrir, que empezar por la Luna sería maravilloso… Y se quedaba un rato contemplando la fría noche. Cuando volvía en sí, pasados unos minutos era mi turno de opinar.Yo siempre le contaba que la tecnología marcaría nuestras vidas. Éramos una familia bien asentada y por esa época teníamos la suerte de poseer en el salón una televisión. Siempre que opinaba le ponía la televisión como ejemplo. – Mira papá, acaso pensabas hace 30 años que serías capaz de no solo oír a la gente, sino que además poder verla y que ésta te mantuviese informado del día a día únicamente desde una caja de madera?.Siempre que le hacía esa pregunta me miraba, se quedaba sin pestañear unos 20 segundos y luego me sonreía.

Yo apenas tenía 11 años y empezaba a interesarme la lectura, así que buscaba algo para leer sobre la tecnología, tema que me asombraba cada vez veía algo relacionado en los quioscos. Recuerdo que en mis ganas de encontrar algo para leer, un día encontré un libro que me marcaría para siempre y cambiaría mi forma de pensar, y por consiguiente también cambió mis argumentos hacía mi padre. El libro que encontré era del Autor I. Asimov, y hablaba sobre robots y unas leyes, conocidas en el libro como Las Tres Leyes de la Robotica, las cuales eran: Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Era un tema más que interesante para tratar con mi padre…

Llegó la tardé de domingo y mi padre empezó como de costumbre, hablándome sobre meteorología. Cuando terminó fue mi turno, el cual yo cambié mi argumento. – Papá, lo que te voy a proponer ahora quizá te parezca una locura, pero creo fielmente en lo que voy a decir y creo que algún día, no sé en cuanto tiempo y no creo que viva para verlo, la humanidad cambiará, creando formas humanas a partir de metal, las cuales, con complicados programas y cuentas matemáticas harán que estas formas humanas cobren vida y nos ayuden al día a día. Nos harán la vida más fácil. Los humanos, por como estamos hechos tenemos límites de resistencia, así que estas creaciones harán lo que el hombre no puede llegar a hacer, consiguiendo así hitos y hazañas que jamás hemos pensado. Éstas máquinas sustituirán al humano en acciones que conlleven riesgos, salvando así vidas, papá. Te estoy hablando de Robots.

Cuando dije la palabra robots, mi padre se me quedó mirando atónito. Yo proseguí mi discurso.

Papá, recuerdo lo que siempre me dices. Explorar nuevos planetas es algo que el hombre llegará hacer, no sé cuando, pero estoy seguro que lo conseguirá. Pero también tengo que decirte que los robots que acabo de describirte serán de gran ayuda cuando llegue el momento de explorar. Porque, ¿quién te asegura a ti que cuando consigamos explorar un planeta no existan ahí seres que no nos den una buena bienvenida, crees que estará solitario ese planeta?, ¿Crees que no jugarían aquí un papel muy importante los robots?, ¿Y que me dices del ambiente que tenga ese planeta?, no estamos seguros que si conseguimos explorar alguno éste tenga las mismas condiciones que nuestro planeta, así que, no sabemos si podríamos sobrevivir ahí, así que lo mejor es enviar un robot para que explore primeramente el planeta en busca de algún indicio y para ver que condiciones tiene, si son aptas o no para poder habitar. ¿No crees papá que llevó razón?

Mi padre cada vez me miraba con más asombro, pero yo seguía con mi discurso.

Los robots papá, nos podrían servir no solo para explorar planetas y realizar cosas que nuestro cuerpo no soporta, también algún día tendremos el nuestro propio en casa, ayudándonos, cuidando de nuestros hijos, haciendonos compañía, ayudándote a realizar tareas pesadas que yo todavía no puedo hecharte una mano. Tener uno en casa mejorará la vida de las familias papá.

Recuerdo que después de terminar mi padre se levantó, se dirigió a mi, me dio un beso en la frente y me dijo: No parece que tengas 11 años hijo, ese razonamiento que acabas de hacer y de la forma que lo has hecho demuestra que llegarás lejos en esta vida, y quién sabe, quizá tu seas quien los invente de verdad y haga realidad todo lo que me acabas de explicar.

Cuánta razón tenía mi padre… Estudié robótica y a los pocos años de terminar la carrera cree mi primer robot, el cual mediante una programación básica era capaz de moverse por toda la casa sin chocar con ningún objeto. Años más tarde mejoré la técnica, consiguiendo que los robots pudiesen mantener una conversación estable gracias a un banco de datos que implementé en su memoria.

Al final depuré la técnica y en pocos años, a lo que a mi me gustaba llamar el futuro, un robot estaba en cada casa haciendo la vida más fácil a sus miembros… o eso creía.

Las ganas de querer ayudar a la gente hacían que no pensase en las consecuencias que esto podría tener si alguien con el talento que yo tenía utilizase lo que yo había creado para realizar actos digamos que poco apropiados. Y al final pasó.

Se extendió en cosa de pocos días. Alguien había modificado la programación que había desarrollado para que los robots, en vez de ayudar, hiciesen el mal. Empezaron a desobedecer a sus dueños y realizar actos vandálicos. Pero lo peor no era eso, lo peor era que habían añadido un código para que ellos aprendiesen de lo que veían y hacían y en poco tiempo, gran parte de la humanidad calló bajo el control de los robots. Maltrataban, torturaban e incluso mataban. Se organizaron para acabar con nosotros, y lo consiguieron. Ahora nosotros éramos sus robots, los pocos que quedaban u obedecían o les tocaba lo peor.

Yo decidí obedecer, pero solo por un tiempo, hasta que no aguanté más.

Ahora termino estas líneas con la esperanza que alguna vez alguien sepa lo que ocurrió de verdad, si ha quedado alguien pido por favor que éste documento que acabas de leer no caiga en el olvido.

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